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Praga en Navidad

Tanto si quieres alquilar un autocar para un grupo numeroso, como si quieres realizar una visita en minibus con tu familia te proponemos una serie de rincones exclusivos en los que poder relajarte apartados de los típicos lugares turísticos de Praga.

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Hoy nos tomamos la libertad de invitarles a viajar fuera del país. El puente de la Purísima es uno de los más atractivos para viajar por Europa sin tener que sufrir aglomeraciones ni precios excesivos, ya que ni el 6 ni el 8 de diciembre son días festivos en el resto del continente. Uno de los destinos estrella será Praga, que por San Nicolás se disfraza de ciudad mágica. Ya tiene un aire el resto del año, con su retahíla de palacios de colores pastel y los títeres más inverosímiles colgados en portales y tiendas, pero para celebrar que la Navidad se acerca y que San Nicolás llega para repartir regalos, las plazas se llenan de luces de colores y de puestos de artesanía y productos tradicionales. A pesar del frío intenso, el ambiente es cálido.

Equipados con abrigo, guantes y bufanda, una de las actividades más interesantes que se pueden hacer en Praga en estas fechas es comer en la calle, como hacen muchos de sus habitantes: una salchicha típica en la plaza Wenceslao admirando la feria de artesanos, un deliciosos trdlo (dulce circular con caramelo y azúcar) en la plaza Vella mientras paseamos entre los chiringuitos de artículos navideños, o un vino caliente con canela y clavo que podemos comprar en cualquiera de las tablas que emergen como setas por la ciudad vieja. El descubrimiento de una ciudad tan fría siempre es más grata con un vaso de vino caliente entre las manos.

Pero lo más fascinante, en Praga, es coleccionar estampas inéditas. Instalada en el puesto decadente de las ciudades que intentan aferrarse a las ruinas de su esplendor, Praga tiene un buen relleno de rincones inesperados. Coleccioné un puñado, y aprovecho para mostraros, en uno que me parece especialmente poético. Cada tarde, en la orilla occidental del Moldava, no muy lejos del puente de Carlos IV, una pareja de edad avanzada bajaba hasta el río para dar de comer a cisnes. Parecía que se conocieran de toda la vida, con aquellos nadadores blancos. Me pregunté cuántos años hacía que duraba aquel ritual y cuantos años más podría durar. No sé si todavía bajan hasta el río cada tarde o si el peso de la edad les ha hecho renunciar a los paseos cerca del agua. Si los veis, saludad sesión de mi parte.

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